miércoles, 5 de septiembre de 2012

La llegada (parte 1)

Saludos, lector: Por fin me decidí a escribir en el blog por dos razones: 1. No lo he usado en mucho tiempo 2. No recuerdo qué le conté a cada quien y luego cuento las cosas dos veces o ni las comunico. ¿Qué cómo me va en Corea? Bien, gracias. ¿Qué cómo es? Linda, ordenada, calurosa, húmeda y con hangul en lugar de abecedario... algo difícil pero se deja entender. Al contrario de lo que pensaba, los coreanos son muy amables, al menos los que he conocido. El Sr. Lee, que nos fue a recoger al aeropuerto, dice que en la escuela hay un profesor coreano que tiene un hijo casado con una mexicana, y que ella come cosas más picantes que el chile coreano (sí, sí me he enchilado con cochu, pero el picor no dura tanto como el del manzano, el habanero o el verde, así que no se preocupen). Llegué al aeropuerto el miércoles 29 a las cuatro de la mañana, tarde pero sin más contratiempos. Justo los dos días anteriores había pasado uno de los cinco tifones más grandes registrados en la historia de Corea, o eso me dijeron. La primera vez que el piloto intentó aterrizar no pudo, así que tuvimos que sentir dos veces eso de la bajada desgraciada del avión (no me gustan los aterrizajes). Luego vino la recojida de las maletas, con sobreequipaje una y las otras muy pesadas también. Tiré dos veces la maleta de los zapatos, pero todo sobrevivió, así que ahora tomo café chiapaneco en mi linda taza azul de estrella roja <3 Ya había varios chicos con el Sr. Lee (o era Kim, ya lo checaré). Dos despiertos: Alaaadin, de Sudán y habla árabe, y Mane, de Guinea y habla francés. A Mane le perdieron una maleta en el vuelo. Aún no sé si ya la recuperó. También estaba Victoria, de Rusia, y algunos más pero dormidos. A las 10:30 tomamos el camión de la universidad, con su estilo luxury-cursi, para Daego y nos hicimos como cuatro horas. No había cambiado nada de dinero, así que no pude comer nada en el camino. Y entramos a la universidad por la puerta principal. Es enoooorme... Ah, el aeropuerto internacional de Inchon en Corea lleva cinco años siendo el mejor del mundo. Sí es muy grande y también muy "amigable" con el viajero.

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