Déjenme les cuento que en México estudié coreano durante muchos años. No
recuerdo si desde el 2006 o el 2007, sólo recuerdo que fue mucho... y cuando empecé
acá entré a 2º nivel, y ya sabía que sería pesado...
...y la próxima semana tendremos el examen final del nivel. Las estadísticas
de la clase indican que tronaré como ejote, con el 50% de aciertos correctos.
Los "quizes" que nos dio la profesora indican que pasaré nivel con
una calificación promedio de 7/10, por lo que el siguiente nivel lo pasaré en
un grupo diferente a mis actuales compañeros, que van para el grupo A (o sea,
el mejor)...
Y viene la pregunta ¿Por qué el coreano es tan difícil? ¿Será que los verbos
tan accidentados nos dañan también a nosotros? Lo que me recuerda que durante
este semana estuve hablando con algunas amigas de acá y llegamos a la
conclusión de que somos raras, raras-malas... locas, pues... de las de
manicomio, y para colmo de males ya llegaron los tres meses, esos fatídicos
tres meses en lo que todo nos parece extraño y empezamos a extrañar todo.
Antes de venir creía que pocas cosas me ataban a México, que no estaba
engréida -como dice la canción, querido amiiiiigo-, pues... Y ahora me voy
dando cuenta que hasta el sabor del vinagre extraño. Ni la comida italiana sabe
igual... los coreanos abusan de las cebolla y nomás las ponen en todo al
"ahí se va"... y el aceite de oliva no tiene el toque agridulce del
"extra virgen" de México.
¿Qué más extraño? Los abrazos. Oh, los abrazos. Abrazos de todo tipo: los
del saludo y la despedida, los de la disculpa y la amistad, los del apapacho y
la sorpresa... o los que se dan en lugar de las caricias, los que curan y los
que arropan, los que comprenden y los que perdonan... abrazos de todos los
tipos que aquí no hay... y sólo unos pocos por acá alcanzan la sinceridad... y
no es que acá no sean sinceros... sino que yo aún no alcanzo a ser tan sincera
(si es que alguna vez lo fui).
También se extraña el español, y el tomate casi tanto como la tortilla...
Y el limón, ése que tan poco apreciaba allá, que omitía en las sopas de la
comida china y en el agua de sabor. Esa agua de sabor también la extraño... acá
la fruta es tan cara que me pregunto si algún día terminaré tomando agua de
lechuga, ésa que como con aderezo en lugar de la fruta de las mañanas... Y las
naranjas, que sólo se encuentran por acá en los restaurantes caros... y que por
más que comes no les encuentras el sabor agrio o el dulce, son como huecas,
insípidas...
Y después de tantas quejas me despido. Deseémonos suerte y recemos por los
que presentaremos exámenes esta semana, pa que nos vaya bien y le sigamos
an-dando.